Allí nos regocijaremos en la gloria de Dios y nos daremos cuenta, por fin, de que nuestro propósito no es otro que el glorificar a Dios y disfrutar de Él para siempre. El salmista escribió: En su presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre" (Salmos 16:11)
La vida allí carecerá de dolor, preocupaciones, llantos, temores y sufrimiento: "Enjugará toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor,; porque las primeras coasas pasaron. Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí yo hago nuevas todas las cosas" (Apocalipsis 21:4-5).
La mejor de nuestras experiencias espirituales aquí en la tierra no es más que una muestra del cielo. La máxima altura espiritual a la que podamos llegar, el más profundo de nuestros regocijos y la más grnde de las bendiciones espirituales serán algo normal en el cielo.
Los creyentes del Antiguo Testamento, algunas personas apuntan que en tiempos veterotestamentarios el hades (el reino de la muerte) estaba dividido en dos seccionesa: una para los impíos y otra para los justos. Sugieren que los santos de aquella época iban a parar al morir al "seno de Abraham"(Lc. 16:22-23), una especie de depósito de almacenamiento de los justos.
Las almas de los fallecidos reposan al morir, pero se trata de un reposo sin sufrimientos y contiendas, no de un reposo inconsciente.
Todo lo mecionado en las Escrituras acerca de la muerte de los creyentes indica que son conducidos inmediatamente a la presencia del Señor.
La palabra "paraíso" es la misma que empleó el apóstol Pablo al referirise a su subida al tercer cielo, en 2 Corintios 12:4. El término "paraíso" es un sinónimo de "cielo"; no puede ser una referencia al purgatorio. Y la promesa hecha al ladrón de que "hoy estarás conmigo en el paríso" deja fuera de lugar tanto el purgatorio como la hipótesis del sueño de las almas.
No deja de llamar la atención que sólo en el libro del Apocalipsis se haga mención al trono de Dios en treinta y nueve ocasiones. Toda la actividad del cielo se centra en él, y todos los accesorios del cielo reflejan la gloria que de él emana.
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